[i]


Una lámpara fluorescente consta de un tubo revestido con fósforo, un cebador y una bobina de inductancia. El tubo está relleno con un gas inerte (argón) y una pequeña cantidad de vapor de mercurio. El cebador aplica corriente a los dos filamentos al encender la lámpara. Los filamentos generan electrones para ionizar el argón, formando un plasma que conduce la electricidad. La bobina de inductancia limita la cantidad de corriente que puede fluir a través del tubo. El plasma excita los átomos de mercurio que, como consecuencia, emiten luz visible y luz ultravioleta. La luz golpea contra el revestimiento de fósforo del interior de la lámpara, que convierte la luz ultravioleta en luz más visible. Los diferentes fósforos generan colores más cálidos o más fríos (wolframiato cálcico = luz azul; silicato de zinc = luz verdosa; borato de cadmio = luz rosada; la mezcla de estas sales da luz blanca, etc.)[/i]








Para poner en funcionamiento una fluorescente necesitamos calentar unos filamentos de tungsteno (como los de las bombillas) que se encuentran en ambos extremos del cilindro de vidrio. Estos filamentos al calentarse desprenden electrones que ionizan (cargan eléctricamente) los gases inertes (argón y neón) haciendo que entren en un estado de materia llamado plasma (existen 4 estados de la materia, sólido, liquido, gaseoso y plasma).




Cuando los gases se encuentran en su estado de plasma se excitan los átomos de mercurio que producen una luz visible aunque la mayor parte se muestra como luz ultravioleta, poco útil para nosotros. Sin embargo esta luz ultravioleta incide en el fósforo que reacciona emitiendo luz visible. Según el tipo de luz deseada (más azul o más naranja) se usará un tipo de recubrimiento de fósforo u otro.




Antes de explicar la manera de instalarlo vamos a explicar en qué consiste un tubo fluorescente.

Se compone de tres elementos:

El tubo o lámpara fluorescente: Es un tubo con dos electrodos, su pared interior está recubierta por una fina capa de sustancias fluorescentes. El tubo está relleno de un gas inerte (normalmente argón) y vapor de mercurio, todo ello a baja presión.




El cebador: El cebador de destellos está formado por : 1. Una ampolla de vidrio llena de neón. 2. Un contacto fijo de níquel. 3. Un contacto móvil constituido por dos láminas de dos metales cuyo coeficiente de dilatación tiene diferente valor y que tienen la propiedad de deformarse bajo la acción del calor. 4. Un condensador que amortigua los ruidos que se producen en los receptores de Radiodifusión durante el funcionamiento del cebador. El cebador debe cerrarse solo uno o dos segundos que es el tiempo necesario para que se calienten los electrodos del tubo fluorescente, y después debe abrirse para que se produzca la sobretensión en la lámpara.










La reactancia: Es generalmente una bobina con núcleo de hierro. Su finalidad es doble, por un lado suministra una sobretensión superior a la tensión de encendido de la lámpara para iniciar el encendido de la misma, y por la otra limita la corriente de descarga hasta el valor para el que se ha construido la lámpara.














Funcionamiento:








1. En la figura se aprecia la lámpara fluorescente, la reactancia, el cebador B y un interruptor conectado a la red eléctrica.
2. Cuando se cierra el interruptor, salta un arco en el cebador cerrándose el circuito a través de él. Los electrodos del tubo fluorescente son atravesados por la corriente, calentando el gas del interior y emitiendo electrones. En el cebador, formado por dos láminas metálicas, el calor del arco dilata las láminas y las une, el arco cesa, el calor producido también, y las láminas se separan.

Cuando se separan las láminas del cebador, se produce una sobretensión de autoinducción en la impedancia, que junto con la tensión de la red, se aplica entre los extremos del tubo fluorescente. Esta tensión es suficientemente alta como para que se produzca una descarga entre los electrodos de ambos extremos. Una vez producida la descarga inicial, los electrodos permanecen calientes, debido al calor producido por el arco y la descarga es autosostenida hasta que se interrumpe el circuito exterior por medio del interruptor.


















INSTALACIÓN:

La instalación es muy sencilla, primero elegiremos la ubicación del tubo, buscando los cables de instalación.
Seguramente (si la instalación es moderna) los cables que nos encontremos en la pared o techo sean rígidos.
Podemos sustituir estos cables rígidos por otros flexibles de la misma sección (ver técnica de uso de la guía pasacables).
Una vez cambiados los cables llevaremos éstos a través de una canaleta de plástico adosada a la pared.
Para ello la cortaremos con la ayuda de un serrucho. En el mercado las podeis encontrar autoadhesivas.
En el caso de no encontrarla de estas características la podéis sujetar a la pared con unos pequeños tacos.











Introducir los cables a través de la canaleta y presionar para cerrar ésta.













Colocaremos el soporte del tubo fluorescente sujeto al techo mediante unos tacos, realizaremos la conexiones (dos cables).













Colocaremos el soporte del tubo fluorescente sujeto al techo mediante unos tacos, realizaremos la conexiones (dos cables).










Ahora sólo falta introducir el tubo en el soporte. Nos encontraremos dos pletinas a los lados del soporte que será donde se habrá de introducir el tubo.










Una vez introducido el tubo giramos en ambos lados hasta que notemos un "clic".
Para quitar el tubo hay que realizar la operación al contrario.








¿Cómo conecto una fluorescente?


Lo más normal es que ya tengas todo montado en el interior de un bastidor y que sólo debas conectar la fase, el neutro y la toma de tierra, para ello tendrás una regleta de conexión bien indicada, si no, aquí tienes un esquema:










Solucionar averías:


Las fluorescentes nos hablan, de esta forma podremos averiguar que es lo que esta fallando. Así según sean los síntomas deberemos tomar unas medidas u otras.

Si el tubo parpadea: El tubo está agotado y debemos cambiarlo o está trabajando por debajo de la temperatura mínima de funcionamiento, unos 10º. Si necesitamos iluminación en lugares fríos deberemos comprar una reactancia apta para temperaturas bajas.
Si el tubo tiene los bordes negros: El tubo está agotado o lo estará en breve, debemos cambiarlo.
El tubo sólo se enciende en los bordes: El cebador está fallando, debemos cambiarlo.
Se escucha un ruido eléctrico: La reactancia está trabajando mal, deberemos revisar las conexiones por si no estuvieran bien fijadas. Si persiste deberemos comprobar la potencia máxima de la reactancia, puede que se inferior a la requerida por el tubo.



Comprobaremos el tubo y compraremos la reactancia con potencia especificada.
El tubo no se enciende: Procederemos en primer lugar a comprobar que llega voltaje. En segundo lugar cambiaremos el cebador, es más fácil de sustituir. Si persiste cambiaremos el tubo y por último la reactancia que suele estar más escondida y es de más difícil acceso.



Tipos de luces fluorescentes:

Las fluorescentes disponen de diferentes tonalidades, algunas más aptas para unos usos y otras para otros. La relación de colores que podremos encontrar en el mercado es la siguiente:

Blanco cálido (Warm White): 3.000ºK
Blanco (White): 3.500ºK
Natural (Natural): 3.400ºK
Blanco Frío (Cool White): 4.100ºK
Blanco Frío Deluxe (Cool White Deluxe): 4.200ºK
Luz del Día (Daylight): 6.500ºK






Ventajas y desventajas de las luces fluorescentes:



Ventajas:

La ventaja primordial es el ahorro. Las fluorescentes necesitan menos potencia para iluminar el mismo espacio.
No malgastan energía en calor, son frías al tacto.
Duran muchísimo más que las lámparas incandescentes tradicionales (bombillas)
Tienen diferentes tonalidades según el fin al que se destinen. Por ejemplo en los mostradores de las carnicerías veremos luces más rosadas que hacen parecer más fresca y apetecible la carne.




Desventajas:
El parpadeo. La emisión de luz no es continua y con el tiempo se puede observar un parpadeo que puede producir dolor de cabeza. Esto es debido además de al propio desgaste del material a la naturaleza de la corriente eléctrica alterna, que funciona en ciclos de 50hz (en España)
Encender y apagar demasiadas veces estas lámparas reduce su vida útil de forma considerable, por eso no son propicias para espacios en los que se deba encender y apagar luces de forma continua.
Tienen un cierto retardo desde que se encienden hasta que entregan toda la potencia lumínica.






Circuito de tubo fluorescente.


Las lámparas fluorescentes pueden hallarse en colores varios, tales como luz de día, blanco alba y blanco marfil. Las potencias usuales en que se construyen son de: 6, 8,14, 15, 20, 30, 40, 60 y 100 Watt. Estos necesitan elementos auxiliares para su arranque y funcionamiento.

La reactancia sirve de limitador de corriente y el arrancador conecta momentáneamente los filamentos de los extremos para su calentamiento.

La conexión del circuito es la siguiente:





Esta figura muestra la conexión común de un equipo de un solo tubo. Los equipo de 2 lamparas denominados "tulamp" pueden ser de varios tipos.

El más simple es el de la siguiente figura:





Las lámparas incandescentes tienen una vida útil del orden de las 1000 horas, mientras que las fluorescentes alcanzan valores muy superiores, pueden llegar a las 7000 horas.

Las figuras muestran un signo "+" sobre la linea Fase y un "-" sobre el neutro.







La leyenda urbana de los fluorescentes

La crisis está tocando de lleno en las escuelas e institutos, y últimamente es habitual que en ellos se convoquen reuniones del profesorado en las que se solicitan medidas que conduzcan a un mayor ahorro de los recursos. El otro día hubo una en mi centro y en ella un compañero aseguró que era mejor no apagar los tubos fluorescentes de las aulas en el recreo, ya que se produce un mayor consumo de energía durante el encendido que el que se produce al mantenerlas encendidas.

¿Es cierto eso?

La respuesta es no. Se trata de una leyenda urbana muy extendida. Para comprobarlo podemos realizar una serie de cálculos:

Por ejemplo, supongamos que tenemos un tubo fluorescente de 20W de potencia y que durante el encendido la potencia del mismo sea de 100W. Supongamos además que el fluorescente tarda 1 segundo en encenderse.

La energía consumida en el proceso de encendido sería:

Potencia durante el encendido: P= 100W
Tiempo que tarda en encender: t= 1s
Energía consumida durante proceso de encendido: E= P · t = 100W · 1s = 100J
Ahora calculemos el tiempo que debería estar encendido el tubo fluorescente para que consuma la misma energía que durante el encendido:

Potencia normal de trabajo: P= 20W
Energía consumida: E= 100 J
Tiempo necesario: E = P t => t = E / P = 100J / 20W = 5 s
En conclusión, esta leyenda sólo sería aplicable si el recreo durase 5 segundos o menos.

Está claro que el problema de los fluorescentes no es el consumo de energía eléctrica. Entonces, ¿Por qué se dice que no se deben instalar en sitios en los que se van a encender y apagar frecuentemente? Esto es debido a que al encender y apagar con frecuencia una lámpara fluorescente se reduce la vida útil del tubo y del cebador. Sin embargo, si hacemos cálculos de consumo teniendo en cuenta este gasto de tubos y cebadores el resultado da que siempre compensa apagar las luces de una habitación si vamos a abandonarla por un tiempo superior a 5 minutos.